domingo, 15 de junio de 2014

Calendario andino marca más de 160 mil años de existencia del Tawantinsuyo

Con el Willka Kuti o el retorno del sol se marca un ciclo más en el calendario andino amazónico, sin embargo hasta la fecha no existe una cifra exacta, sobre los años de celebración hasta la fecha. El líder del centro Wiñay Pacha, Pachakuti Acarapi, señaló que según el marataka (calendario andino) este año se celebran 160.522 años y no 5.522 como se pensaba.

Para Pachakuti, la versión de los 5.532 años viene de la mala interpretación de la filosofía y cosmovisión de los tiahuanacotas y de sus ciclos en el tiempo, ya que le dieron un valor de mil años a cada sol, sumando hasta el momento 5 mil.

“Con la ciencia moderna se pudo comprobar y corroborar que lo que queda de Tiahuanaco, los monolitos, la Puerta del Sol y otros restos arqueológicos, demuestra que cada pieza en el lugar no viene de hace cinco mil años, sino de hace más 160 mil años atrás”, manifestó Pachakuti.

Para el entendido, el mismo hecho que se cuenten con ruinas de ciudades pétreas en lugares cercanos a Tiahuanaco y en las profundidades del lago Titicaca hacen pensar que estas habrían sido construidas incluso antes de la era terciaria.

Sin embargo, varios otros estudiosos del tema señalan que habría otro calendario aprobado, proveniente de la provincia Pacajes, cuyo nombre proviene de los términos aymaras Paca - Jaques, que significan “hombres águila” o “hombres que traen la luz”.

“Existe un calendario aún más ancestral, que fue recuperado de la provincia Pacajes, que antiguamente abarcaba parte de las costas de Perú y Chile, además de una parte muy extensa de Bolivia y que es la que menos ha perdido de su historia, que hasta el momento sobrepasa los 40 mil años de conteo”, manifestó en un seminario de “Visión Cósmica de los Andes”, Fernando Huanacuni.

Este calendario habría sido guardado por mucho tiempo, debido a que los españoles consideraban a esta región, como una zona inhóspita, dejándola descuidada permitiéndoles conservar la cultura andina.

En este contexto, cabe recalcar que aún es una zona descuidada, ya que se ha dejado de lado el estudio de la región, siendo el norte chileno que se ha encargado de dar mayor atención y ayuda para recuperar los ritos y costumbres de esta región.

A pesar de una imprecisión de fechas y cifras, lo que aún se mantiene es la mística que tiene la salida de los primeros rayos de sol que renuevan de energías a todo ser viviente, sobre la Madre Tierra.

miércoles, 11 de junio de 2014

La arqueología se acerca al enigma de los hornos indígenas andinos

¿Cómo un pequeño horno cilíndrico de arcilla puede alcanzar hasta mil grados de temperatura? ¿Por qué funcionan en los Andes y en Francia no? Estos y otros enigmas de la metalurgia indígena andina que han permanecido siglos sin respuesta están a punto de ser resueltos por arqueólogos argentinos.

Los hornos "huayrachina", de los cuales se han encontrado restos arqueológicos que datan del primer milenio de nuestra era, son pequeños cilindros con agujeros que permitían a los indígenas de la región entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina fundir metales muy puros con muy poco combustible.

"Cuando llegan los españoles a la región, el Potosí (Bolivia) se descubre oficialmente en 1945, y los europeos no conocían la tecnología para tratar el mineral que había aquí en los Andes", explica a Efe Pablo Cruz, director del Instituto Interdisciplinario Tilcara, ubicado en la provincia argentina de Jujuy (norte).

"Una de las claves de lo que fue un centro económico durante el periodo colonial, junto con la minería, era la metalurgia, de la cual no teníamos muchas informaciones, más allá de lo que señalaban las fuentes y los restos arqueológicos, que no podemos comprender en su totalidad", señala Cruz.

"Huayra" hace referencia al viento, mientras que "china" significa mujer, en lengua quechua, aunque los investigadores aún no han logrado identificar el porqué de esta segunda parte del nombre.

El director del Instituto se embarcó en la investigación de los hornos "huayrachina" hace casi una década y los estudió en Francia, junto con otros expertos en tecnología indígena.

Allí, sin embargo, no consiguieron extraer el metal en los hornos. No fue hasta este mismo año, cuando los primeros experimentos realizados en la localidad argentina de Tilcara aportaron por fin nueva luz sobre el enigma del funcionamiento de estos hornos.

"Es como una chimenea que tiene varios orificios por los cuales circula el viento. Lo que hemos podido probar es que se necesita mucho viento, a partir de 10 metros por segundo de ventilación natural, y estamos tratando de desentrañar cómo entra en juego la altura, la presión atmosférica", detalló el responsable del proyecto.

Los hornos de viento eran portátiles y permitían a los indígenas fundir unos tres kilos de metal con apenas 6 kilogramos de cartón, casi el mismo combustible que se gasta un argentino en preparar el típico asado familiar del domingo, según han probado en Tilcara.

Esta tecnología fue empleada en los grandes centros de población de la región del Potosí y el norte de Argentina durante siglos, incluso después de la llegada de los colonizadores, hasta la introducción de la amalgama con mercurio.

"Según señalan los cronistas españoles, no se trataba únicamente de útiles o herramientas para procesar el mineral, sino que para los pueblos indígenas las 'huayras' eran objetos de culto. Adoraban las 'huayras', como también los minerales. Eso se explica por el lado mágico que tiene todo el proceso de fundición", apunta Cruz.

"Son como pequeños volcanes que no solo destellan luces de todas las tonalidades y olores sino que también tienen un bramido muy especial, como si estuvieran vivos", agrega.

A raíz de los éxitos con los hornos "huayrachina", el Instituto Interdesciplinario de Tilcara ha decidido comenzar una plataforma experimental sobre la tecnología indígena con el fuego, que involucrará no solamente las técnicas metalúrgicas sino también otras disciplinas como la cerámica, utilizadas por los antiguos pobladores de la región.

Además, "hay varios otros tipos de hornos en los que estamos trabajando", como los de reverbero (llamados "toccochinbo"), explica Cruz.

Las investigaciones han despertado el interés de las comunidades indígenas que aún habitan en la zona, como los Mama Qolla Ayllu, pero también la curiosidad de los físicos y expertos en metalurgia, intrigados por las altas temperaturas que alcanzan estos rústicos y misteriosos hornos.

domingo, 8 de junio de 2014

Chuquisaca ratifica su gran potencial paleontológico

Chuquisaca podría constituirse en la meca de la paleomastozoología (paleontología de mamíferos) en el continente. Tras los últimos hallazgos en los municipios de Yamparáez y Padilla, sumados a los antecedentes de Sucre, se confirma el gran potencial paleontológico de la región.
El investigador en paleontología Omar Medina, que recientemente realizó tareas de prospección en Padilla, dijo que la región presenta grandes posibilidades para recuperar fósiles. “Padilla es un yacimiento enorme, pone a nuestro país en un sitial alto de la paleontología mundial”, destacó.
No obstante, dijo que es prioritario iniciar acciones concretas para promover la investigación y rescate de los restos fósiles.
“Queremos organizar una nueva misión paleontológica al lugar, porque la primera vez sólo estuvimos dos días. Creemos que un trabajo sistemático para rescatar todo lo que está a flor de tierra y con la ayuda de la Red Boliviana de Paleontología podemos llegar a determinar el verdadero potencial de Padilla, por ello necesitamos el concurso de las autoridades del municipio”, manifestó.
Sobre Yamparáez dijo que se concretó la primera experiencia de reconstrucción de un caparazón de gliptodonte, el mismo que fue entregado ya a autoridades del municipio.
Dijo que, la importancia de esa región radica en que se constituye en un gran cementerio de gliptodontes. No obstante, indicó que las labores paleontológicas se paralizaron por lo que llamó a retomar las gestiones a favor de la paleontología en el municipio. Abrió además la posibilidad de capacitar al personal de la Alcaldía y voluntarios para que se den a la tarea de rescatar las piezas.
Ante este panorama, Medina dijo que Chuquisaca es un lugar privilegiado para la investigación, rescate y preservación de fósiles de mamíferos del Pleistoceno. “No sólo es Padilla o Yamparáez, está también Sucre, Potolo y parte del Distrito 8. Realmente el potencial que tenemos en la mega fauna sudamericana de hace 10.000 años atrás es muy grande, por lo que Chuquisaca podría convertirse en una meca para la paleomastozoologia sudamericana”, señaló el investigador.

Interés internacional

Medina anunció que a fin de mes paleontólogos uruguayos realizarán trabajos en Yamparáez y Padilla, pues tienen mucho interés en estudiar los fósiles de la región.

Encuentran una momia de la cultura Mojocoya

Pobladores del municipio de Tomina, del departamento de Chuquisaca, en días pasados entregaron al Instituto de Investigación Antropológica, de la Universidad San Francisco Xavier, una momia que pertenecería a la cultura Mojocoya.
El director del Museo Antropológico de la universidad, Edmundo Salinas, dijo que debido a las creencias los comunarios decidieron entregar esos restos, porque atribuyen a los restos humanos las lluvias incesantes que causaron problemas a la producción agrícola, según ANF.
"La comunidad decomisó la momia, posteriormente fue depositada en la Alcaldía de Tomina, estuvo allá una larga temporada y luego pidieron que nos encarguemos de la custodia de ese testimonio”, explicó Salinas.
Según los comunarios, la gente le tenía miedo y el cura del pueblo quería darle santa sepultura.
Salinas dijo que esta cultura tenía la costumbre de dejar los restos humanos en cuevas y cavernas. Esta momia pertenecería a una persona de sexo masculino de entre 40 a 50 años de edad.
La momia puede ser del año 700 después de Cristo; sin embargo, para precisar la información se realizará el análisis microbiológico.

viernes, 6 de junio de 2014

Estudian momia hallada en la región de Tomina

Una momia, presumiblemente de la cultura Mojocoya, fue recientemente recuperada para ser sometida a diferentes estudios científicos que ayudarán a comprender mejor su modo de vida, características y costumbres en vida.
Ayer, en el Museo Antropológico de la Universidad San Francisco Xavier, un equipo de profesionales inició los trabajos de análisis y toma de muestras sobre la momia.
“El Instituto de Investigación Antropológica y Arqueológica de la Universidad organizó un equipo interdisciplinario para estudiar una momia que ha sido recientemente recuperada de la región de Tomina. Es una momia que presumiblemente corresponde a la cultura Mojocoya, que tenía como hábito funerario dejar sus restos humanos en cuevas, cavernas y abrigos”, explicó Edmundo Salinas, director del Museo Antropológico.
Por varios años, la pieza permaneció en diversos sitios de Tomina, hasta que los especialistas lograron recuperarla para estudiarla y conservarla.
Salinas, acompañado de un equipo de médicos y otros especialistas de la Universidad, estimó que la momia corresponde a una persona de entre 40 a 50 años y de sexo masculino. Asimismo, se verificó la presencia de piel, estómago y pulmones, pero también vestigios de textiles.
La momia correspondería al periodo de apogeo de los Mojocoya, entre los años 100 y 700 después de Cristo.


domingo, 25 de mayo de 2014

Meteoritos en Bolivia: Caídos del cielo

Se puede ver, fotografiar y hasta tocar el objeto. Lo que pide el dueño es que a él no se lo identifique por razones de seguridad. Tan solo permite que digamos sus iniciales: JFP. Hace más de una década que JFP adquirió la que es la pieza más importante de su colección de rocas y restos arqueológicos: una piedra con forma parecida a la de un balón de fútbol americano, pero más grande, de color pardo. Se trata, asegura, de un meteorito. Reta a quien logre levantarlo, dice, le regalará un puñado de dólares. Y es que por mucho que uno se envalentone (no parece imposible lograrlo porque no es muy grande), lo único que se consigue es hacer temblar, apenas, la piedra extraterrestre.

Comprobar que pesa mucho más que una roca convencional es uno de los pasos para identificar un meteorito a simple vista, explica el investigador del Planetario Max Schereier de la Carrera de Física de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Gonzalo Pereira, amante de los aerolitos. Si, además, tiene propiedad magnética, presenta concavidades en su superficie y es negro o marrón (en el primer caso es porque cayó a la Tierra hace relativamente poco y, en el segundo, porque lleva un tiempo considerable sobre la superficie terrestre), probablemente tengamos delante una piedra cósmica. La combustión que sufren los bólidos al entrar a la atmósfera es lo que les da el color negro que, con el tiempo, se torna marrón.

“Usted tiene un Picasso. Es invaluable porque está intacto”, le dijo a JFP un geólogo experto de Estados Unidos con el que contactó. “Si tiene gemas estelares en medio, así le paguen lo que le paguen, le están robando”, añadió el científico. Para comprobar si en su interior guarda (o no) piedras preciosas habría que escanearlo con un aparato especial que no se encuentra en cualquier lado, o bien cortarlo. Y esto último es lo que no quiere su dueño.

El pedrusco apareció, cuenta, en la provincia Sur Lípez. Los lugareños lo hallaron en una hondonada en la que, hasta unos días antes de la caída del bólido, había una laguna. El Alcalde le relató cómo el agua se había salido misteriosamente de su lugar y había ido a parar a unos 900 metros de distancia. Y en el espacio que antes ocupaba la laguna estaba la piedra.

JFP llevó una muestra, hace algunos años al Instituto de Investigaciones Geológicas y del Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Geológicas de la UMSA. El estudio determinó que se trata de una aleación de camasita (94%) y troilita (3%). La combinación de hierro y níquel (camasita) “no existe de forma natural en la Tierra”, expone una de las docentes de la facultad, Elena Gorinova. Además de estos dos elementos químicos, los meteoritos suelen tener también cobalto.

El de JFP es una siderita, perteneciente al grupo de los bólidos metálicos, que no son frecuentes. Los metalorocosos y los rocosos son los otros dos tipos de aerolitos. Estos últimos, que apenas tienen metales, son los más frecuentes.

Ponerle nombre es uno de los requisitos para que una roca procedente del espacio exterior sea meteorito, según el investigador del Planetario. Pero no se elige según lo que indique el santoral del día en que se encuentra ni tampoco es elección del que lo halla, sino que se bautiza con el denominativo de la oficina postal más cercana al lugar del hallazgo. En Bolivia se le pone el nombre de la comunidad o lugar poblado más próximo.

Para que sea reconocida como una piedra extraterrestre tiene que tener un certificado, “que es como el pedigrí del meteorito”, aclara Pereira. Hay pocos laboratorios en el mundo que expidan este documento. En él vienen datos como qué cantidad total ha caído, el nivel de oxidación que presenta y, además, se vincula con otros similares.

Oficialmente, Bolivia “tiene” cuatro meteoritos. Uno es el Pooposo, una roca de dos kilos de hierro y níquel encontrada en 1910 en Poopó y que un misionero vendió a un inglés, un tal J. Bohm, según una carta del 23 de mayo de 1922 guardada en el Museo Británico de Londres. Una parte de la piedra está en el repositorio inglés y otra en el Museo de Historia Natural de Viena.

Otro es el Sevaruyo, de 12 gramos, que el cazameteoritos Kevin Kichincha halló junto a su grupo en Oruro en 2001, a 3.749 metros sobre el nivel del mar (es el aerolito encontrado a mayor altura). Un pedazo está en el Planetario de La Paz y otros dos en Estados Unidos.

El Cochabamba, de 82 gramos, se encuentra en el Museo de Viena. Estaba registrado como chileno, cuenta riendo Pereira que, añade, ya hizo el reclamo correspondiente. “Éste es valioso porque es un carbonáceo. Es el material más antiguo que existe. Es anterior a la Tierra”.

Por último está el Bolivia, que pesa aproximadamente 21 kilos. “La única referencia que se tiene sobre ese meteorito es la segunda página de una carta”, cuenta el investigador de la UMSA. En ella, el coleccionista estadounidense que lo tenía refiere que un amigo suyo se lo había comprado a un religioso en Bolivia. Tras su muerte, su serie de rocas pasó al Instituto Smithsonian, en Estados Unidos. Un fragmento que estaba en la Universidad de Arizona fue repatriado y se encuentra en el Planetario Max Schereier.

El gramo de meteorito cuesta 65 veces más que el de oro. Y el precio puede aumentar si se trata de rocas marcianas o lunares porque son las que llegan en menor cantidad a la Tierra, igual que las de Venus. Las más comunes son las del cinturón de asteroides, ubicado entre Marte y Júpiter.

Hay cazameteoritos que adquieren piedras para su colección en ferias o por internet; también hay quien los quiere convertir en joyas (algo que ya hicieron los egipcios hace 5.000 años). Para JFP el valor es otro: “En los meteoritos está el principio de la vida”. Por ello, dice que está dispuesto a venderlo a alguna institución científica a un precio “asequible”.


viernes, 23 de mayo de 2014

Museo natural del Municipio de Tarija

El Museo Municipal de Tarija es excepcional por las piezas valiosísimas que contiene y ofrece la visitante para su percepción visual y consideración analítica.

Lamentablemente no se asigna valor a esta joya cultural que no tiene un flujo interesante de visitantes.

Los museos, etimológicamente entendidos, son los lugares dedicados a las musas que son las inspiradoras a los diferentes lenguajes artísticos y son los sitios imprescindibles para la preservación de los objetos que ilustran los fenómenos de la naturaleza y las actividades artísticas, científicas e intelectuales. Por ello sería mandatorio para la formación de la niñez y los adolescentes las frecuentes visitas guiadas a los museos, allí con seguridad los estudiantes encontraran su musa.